El hotel donde trabajo es pequenho y por tanto cualquier pequenha circunstancia fuera de la rutina supone un acontecimiento. El nuevo y esperado acontecimiento era la llegada por via maritima de unas mesas de marmol cuyo valor monetario era una incognita, solo el jefe sabia, pero que las suposiciones fijaban en una cifra nunca inferior a los 1.000 dolares pieza.
Los rumores corrian de un lugar a otro del hotel y no podias siquiera beber un vaso de agua sin que las cocineras te comentaran fecha estimada de tan magno acontecimiento: "dicen que llegan el lunes y que hay que recogerlas en La Paz".
Y efectivamente, aquel lunes, una delegacion compuesta por Israel y Edgar fue a La Paz y regreso triunfante cargando con 9 mesas del tamanho de un portaaviones pequenho y de peso no inferior a las 10 toneladas (calculos aproximados) .
A pesar del clima de excitacion, todo el mundo desparecio a la hora de bajar las mesas del camion (los mexicanos tienen cierta tendencia a eludir las responsabilidades, y no les culpo por ello). Asi que quedamos Kenny (el cocinero), Israel (el de mantenimiento) y yo (el chico de la playa). La temperatura seria de unos 50 grados (ya saben que el clima es relativo, un frio y calculador termometro de mercurio se habria establecido en la linea de los 28 grados, pero nuestros cuerpos y mi imaginacion la fijaban en 50 grados)
Continuara..... o no.